Modelo: Guillermo Mateo.

Fuera hace un frío inmenso. Tanto, que la cámara se empaña dentro de la casa. También en el baño con el vaho.

-“No le pases al objetivo la toalla, hazlo con papel… o una gamuza”.
– “Oh, Guille, voy a tener que abrir una ventana…”.

La abro. Guille se arremolina más en el agua, como si fuera una manta envolvente y cálida. No quiero que pase frío, me estoy pensando mucho el maldito encuadre de la foto, demasiadas líneas, relieves, colores, texturas, formas. Le coloco el encaje de las braguitas. Nos reímos. De fondo, su madre nos llama para comer y yo le grito que tengo secuestrado a su hijo de musa, de musa-araña. No le gusta que le llame así, que dice que son feas. Pues a mí me gustan, que feo él.

“Leila, echo de menos el 365, me gusta que me hagas fotos”. Y a mí me gusta cada vez más hacérselas. Adaptarme a las formas de su cuerpo, transmutarme en él, sentir con su mirada y temblores, con sus dudas y aciertos, ha sido uno de los grandes aprendizajes desde que me dedico a la fotografía