¿Veis esto? Es lo que más me importa del planeta tierra. Esto es lo que respondería a la estúpida pregunta de la isla desierta. Me lo podéis quitar todo. Mi cámara y mis fotos. El dinero y mi cabello. Mi casa y los ojos. Todo esto son cosas importantes. Pero esto que veis en la foto es mi vida, inspiración y asidero de resistencia.

La Milka, mi perrita que sólo vive para mí, las caricias y para escarbar, de forma desesperada, en busca de topos. Milka es una especie de constante vital, es un latido peludo, rubiejo, anarka y punketa.

La Menta, dulce, buena, discreta, algo miedica, dedicada en cuerpo y alma a buscar con su tripa, cual rádar, el calor del sol, de los radiadores y de Guille.

Y Guille. Nunca supe que éramos tan potencialmente fuertes hasta que nació Luz. Lo muy tozudos que podemos llegar a ser con la existencia. El martillo que suponemos para lo adverso. Le quiero rayos. Y le agradezco el amor tan inteligente que me está ayudando a forjar. Porque si antes le quería con el corazón y el coño, ahora también le amo con el cerebro. Me pregunto cuántos de vosotros amáis con el puto cerebro.

Luego Luz, mi hije. Mi niñe verano porque llora cuando hace frío, porque se revela ante el viento y la lluvia, porque nació el día de luz más largo del año. Bruja nacida en noche de San Juan. Luz que besa mejor que besar. Porque es tan cariñosa que cuestiono, constantemente, cómo un ser así de cándido puede haber salido de mí. Con ella empecé a valorar mi tiempo y a los animales (todavía más, si cabe). Con ella he horadado, he agujereado, he atravesado todo mi ser para no volver a ser el que era.

Todo esto me llevaría a vuestra jodida isla desierta. Bueno, y semillas de tomate y aguacate. Pero no más.