La noche que nació mi hija cayó una tormenta. Luz nació el 23 de junio para iluminar los rayos de la tierra. Tiene los huesos de almendras, la mirada profunda como las entrañas de las cavernas y su piel emana cierto aroma almizclado. Le doy el pecho y tras cada toma la siento sobre mis muslos, acariciando con mis labios sus mejillas, su pelito suave, como de plumón. “Ratón”, “Pollito”, “Pichón”, “Lucero”, le susurro.

Pintaría la maternidad amarilla como el sol y los limones, aromática y ácida, cegadora y llena de luz. Edito con todo el sueño y el cansancio, agradecida de haber sido salvada hace 26 días. En esta foto, Luz tenía 11. Luz, tan pequeña e inmensa como su nombre…