[Carta a Guille, siamés de mente]

Guille, querido: Esto lo escribo para ti, aunque nos lean todos. Estas palabras son sólo nuestras, esta foto es sólo

para ti

para mi.

Pero no sólo nos leen a través de mis fotos, no sólo nos leen porque yo te exponga, nos expongamos, a través de mi trabajo. La sociedad nos mira, nos señala, nos juzga, me preguntan. Sí. Vaya que si preguntan. Preguntan y dicen. Que si no tienes síndrome de Estocolmo conmigo (oído ayer en mi exposición), que si eres un Santo. Porque intuyen los terremotos que me habitan. Y a mí: que si diabetes, que si el amor romático, que si patriarcal. Cuanto tú y yo tenemos lo exclusivo, a saber por qué, a saber qué hemos hecho tú y yo para tenerlo, para que se nos conceda la gracia de amar en paz. Ayer escuchaba la canción de Placebo “Running at the hill”,  y en un momento de la canción se preguntaban “Is there so much hate for the ones we love?”, “¿Hay demasiado odio para quienes amamos?” Lo hay.  Se cierne odio hacia lo que nos arrebatan, se cierne un odio hacia lo que se pierde. Yo estoy cansada de justificar que amo, de justificar nuestro vínculo sereno. Guille, por mucho que pregunten, que digan, nada me hiere, ninguna bala es capaz de atravesar la coraza que hemos construido juntos. Ni siquiera nosotros mismos somos capaces de destruirnos. Porque nuestro amor también es anticapitalista, nuestro amor es un fogonazo constante en vida, una explosión prolongada en el tiempo, una monogamia demodée, una pasión antisistema. Vayamos al campo y hagamos un hoyo, cabemos bien profundo para enterrar la culpa, echemos cal encima. regémosla con sal mientras nosotros

florecemos.