Preparábamos el desayuno. Yo me iba haciendo mi calderos de infusión y él trituraba los tomates del huerto para el pa amb tocamat. Cuando le propuse que se tumbara en el suelo frío para una foto, arrugó la nariz, pero siempre accede, “¡Qué frío! Que sepas que es por ti ¿eh?”. Y tendió sobre la ola de luz su piel blanca de espuma.

Feliz puente, chicos. Nosotros nos vamos al campo a descansar y desconectar. Quiero hacer los colgantes y broches que acompañan mi fotolibro, leer, hacer un par de fotos, cocinar sushi, hablar las noches con los muertos, ver pelis, invadir mis ojos con las estrellas que no se ven desde Madrid, comerme las puestas de sol en los trigales, escuchar el viento entre las encinas, morir en las orillas de Guille.