• “Guille, ¿sabías que he leído por ahí que el cerebro se regenera?”.
  • “¿El de quién?
  • “Todos los cerebros. He leído que se regeneran ¿Te imaginas? Cabe la posibilidad de que yo no siempre esté así. De que consiga cambiar mi cerebro. Y poder ser feliz”.
  • “Estoy seguro de que así será. Claro que lo cambiarás. Serás feliz”.

Guille es el del “Todo irá bien”, “No pasa nada”, “No volverá a pasar”, “Está todo en tu cabeza”, “No es real”, “Te queremos”, “Te queremos cuidar”, “Cuidarte es un gusto”, “Saldremos adelante”. Claro, que una cosa es lo que dice, otra la que hace y otra la que pasa. Desde que conozco a Guille, siempre ha estado pensando siempre en positivo. Le he visto negativo tres veces: una cuando su empresa, en la que llevaba 11 años, se iba a la mierda. Otra con el “Voy a suspender” y sacó un sobresaliente (menuda brasa me diste con aquel examen, capullo) y otra cuando realmente asumió que yo me tiraría por una ventana. Y se vació entero.

Vivir con una persona neurodivergente es muy difícil. Y como neurodivergente, os puedo asegurar que vivir con un neurotípico también es muy difícil. No se empanan de nada, porque no lo viven. Soy plenamente consciente de las dificultades que conlleva mi relación. Pero se mantiene a flote, inexplicablemente. Me pregunto por qué no acabamos en la tierra, por qué no acabo yo en la tierra, por qué él no acaba en la tierra.

21 de noviembre. 3 de marzo. “Voy a tatuarme en la piel, tu inical porque es la mía… pa’cordarme para siempre de lo que me hiciste un día”. De lo que nos hicieron dos días. De lo que probablemente nos vuelvan a hacer más días. Estamos helados. Con los ojos fríos, siameses de mente, pegados de frío, buscando el calor”.

No puedo contaros más sobre estas fotos. Pero “todo irá bien”. La frase que lo descongela todo. Pero cuán peligroso es darle esperanza a una persona como yo.