Copias disponibles en diferentes tamaños.

Recuerdo que esa mañana me desperté nerviosa, “Ay, Guille, hoy es el día ¿haré la foto? ¿Sabré aguantar dentro de esas aguas? ¿Haré justicia a la belleza del lugar, yo, plagiadora de la realidad con cámara?”. Porque eso es lo que te hace sentir Islandia, que tu cámara, tu herramienta, no es suficiente para hacer justicia a todo lo que te rodea. Me había dejado un dinero que me hacía mucha falta en un traje de neopreno y me había desplazado a ese maravilloso rinconcito del mundo para ver con mis propios ojos el Jökulsárlón. Lo cierto es que se está convirtiendo en una especie de meca de fotógrafos (y con razón) y tengo que reconocer que cuando vi a Rebeca Cygnus Photography y Brooke Shaden Photography zumbullirse en sus aguas me invadió una locura por poder fotografiar yo también en ese enclave (culo veo, culo quiero de toda la vida). Es que es surrealista, hipnótico, totalmente inspirador y excitante. Os diré una cosa: cualquier cosa que os digan sobre las maravillas de Islandia, cualquiera, es verdad. Es de una belleza tal que subyuga.

Antes de entrar al agua, escuchamos un estruendo sobrecogedor, como un trueno, y un trozo de iceberg cayó al agua. Me llega a pasar eso haciendo la foto y me quedo en el sitio del susto. También quisiera añadir que al salir del agua, justo donde estuve yo, sacó la cabecita una foca preciosa, que seguramente estuvo curioseando durante toda la sesión.

Estoy escribiendo un post sobre esta experiencia con todas las fotos (unas 20) bonitas que resultaron de la sesión.

Sí, el título se lo debo a esta canción de Ólafur Arnads, que me hace llorar. https://www.youtube.com/watch?v=4cOr7JmcOas