No paro de hacerles fotos a Guille y a Luz. Pero a mí nunca me hacen fotos con Luz. O fotos con Guille. O fotos sola. Si no fuera por los autorretratos con elles, visto a través del tiempo pudiera parecer que soy un ente que parpadea, una especie de paparazzo que registra su vida desde la admiración o el amore más puro. Quiero convencerme de que mi presencia es un hecho. Tras cada foto mi cerebro, tras cada foto mis entrañas, tras cada foto mi ojo certero. A veces me siento en la dinámica del mundo y de lo que me rodea. Otras no sé ni quién soy yo, en una especie de despersonalización brutal. Y creo una frontera entre la realidad y yo. Les miro como quien está en otro universo, como un narrador omnisciente, como un alma en un cuerpo que no existe. Quién me mira…