Esperamos la niebla quietos, temblando, los ojos ciegos de blanco. Porque así se esperan a las nubes, en silencio, con el aliento perdido, soplando mil veces Guillermo en tu vientre. No quise que me dijeras lo que yo no te digo: que en el fondo estamos desnudos y postrados ante el mar, enfermos en las noches de paz y amor. Somos humeantes bajo cero.