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Guille y yo nos mecemos sobre una raíz que se ancla a las entrañas de la tierra: así nos puedan arrasar mil incendios, que nos lameremos las heridas como dos animales con los ojos henchidos por la batalla. Guille y yo somos padres de la Luz. Y nos quemamos. Porque es lo que pasa cuando juegas con fuego. Entonces le digo “T’estimo”, “I love you so much”, “Je t’aime”. Y él me ayuda “Te quiero”. Me lo dice en español, que es nuestra lengua materna, nuestra lengua de la Verdad, de la cercanía, nuestra lengua del amor. Me ayuda porque yo todavía no he aprendido a ser cercana, a enfrentarme a la verdad, a deshacerme en el amor. O quizá me arrebataron todo esto.