Quería publicar esta foto la semana de la lactancia, pero con la maternidad llevo un ritmo mucho más lento profesionalmente hablando… no obstante ¡poco a poco voy cumpliendo! También quisiera aclarar que lo que escribo aquí es sólo mi propia experiencia, que cada madre vive todo suceso que envuelve la maternidad de forma diferente. Lo cierto es que, en un principio, la idea de darle el pecho me daba grima, como quien ve sangre y se marea. Pero en el hospital me la pusieron al pezón y se agarró con tanta fuerza, con tanta ansia, que quién era yo para quitarle ese placer, ¡si a veces hasta me pone los ojos en blanco de lo que le gusta! Las venas del pecho, hasta el cuello, se me hincharon tanto, se pusieron tan azules, que se me ocurrió pintarlas. Tal era la moda en las mujeres hará unos tres siglos. La lactancia es durísima. Muy muy dura. Yo la estoy viviendo con mucha paciencia, pues además de suponer una lucha contra las heridas psicológicas que tengo contra mi propio cuerpo, Luz ha padecido cólicos y comer para ella también ha implicado un sufrimiento. Pero llevo 3 meses luchando la lactancia, contra todo pronóstico, y mi intención es seguir manteniéndola todo lo que aguante.

También confieso que sufro muchísima presión por parte del mundo de la maternidad. En general las mujeres sufrimos mucha presión con este tema. Si le das mucho tiempo el pecho, es porque el niño es un vicioso y tú una laxa (vieja escuela), si le das poco tiempo es que nunca te esforzaste lo suficiente y estás destrozando de por vida el vínculo con tu hijo (nueva escuela). Nunca hay  término medio: siempre habrá alguien que le parezca mucho y siempre habrá alguien que opine que es poco.  Al final, por norma general, todos los niños tan pichis y estupendos, con o sin pecho. Y ojo, la presión no sólo procede por parte de quienes no tienen hijos, sino también por parte de madres. Digo madres porque a los hombres estas cosas les resbalan por norma general. Por favor, ruego que dejéis a las madres en paz con este tema, un poquito de sororidad. La maternidad es durísima física y psicológicamente. La lactancia es agotadora y puede ser vivida con mucho dolor. Yo no sé cuánto aguantaré, por eso le estoy haciendo una serie de fotos lactando, para otorgarle un regalo a su memoria, para recordarle lo mucho que le gustaba y que yo hice todo lo posible por concederle este placer… este placer del amor, de amor, con amor.