Como vengo haciendo desde el 2014, este es el 3º año consecutivo de peregrinación a los campos de lavanda de Brihuega. Sé que es abusar un poco de la localización, pero cuando llego allí es todo tan BONITO que me vuelvo loca y hago fotos. Este año estaban más bellos que nunca. Esta vez me ha posado, junto a mi Guille de sal y seda, Alba Cosz, que si no habéis visto su trabajo ya estáis tardando (¡Os gustará!). Es una de las amigas más inteligentes que tengo y quisiera introducirla más en mi trabajo, porque además posa de infarto. Y aquí tengo a dos amores, buscando las palabras con los dedos, palpando la lengua de la memoria, las bocas anidadas de abejas desesperadas.