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La última vez mi psiquiatra hizo lo que hacen todos los psiquiatras. Sin hacerte ningún tipo de prueba, me mandó una cantidad ingente de pastillas. Vamos, lo que yo llamo en mi pueblo dar palos de ciego. O esa frase especista que no me gusta nada, “hacer de conejillo de indias”. Le pregunté que para qué era todo aquel pastillaje, qué me hacía, qué arreglaba y en base a qué me la estaba dando. Me habló no sé qué de mis niveles de serotonina, litio y conexiones neuronales. Sin pruebas. Sin ni una prueba, esta mujer estaba hablando de mis neuronas. Por lo visto hacerte estas pruebas es carísimo. ¿Alguien se las ha hecho? ¿Cuánto os ha costado? Siento que me quieren sedar porque no me da la gana de fingir que no pasa nada. Que no me están jodiendo viva.

He pensado que lo mismo no soy yo. Si no todo un sistema de opresiones. O como decía Jiddu krishnamurti “No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.” Que vaya, lo mismo no estoy enferma, lo mismo soy demasiado cuerda. Sólo grito si me hacen daño. Lo normal. Y a veces ni grito. También viene a ser normal en mi. Tragar.