No se me olvidará nunca. Él estaba con otra, yo con otro. A mis espaldas, dos años de psiquiátricos y una medicamentación de 9 pastillas diarias entre ansiolíticos, somníferos y antidepresivos. Por qué negarlo: estaba en la porca miseria, era absolutamente infeliz desde hacía años y quería morirme. Ese era el plan. Pero aquella madrugada, Guille se deslizó dentro de mi cama y me abrazó por la espalda. Fue un gesto sencillo, tonto, la clásica cucharita. Pero yo, después de tantos años, sentí un inmenso momento de felicidad. Sentí confort, paz, un ya casi olvidado nirvana. De repente, la ansiedad, el terror y la angustia desaparecieron ¿Qué tenía Guille que no tenían el resto de los hombres (la mayoría respetables) con los que anduve aquellos años? No lo sé. Voy a intentar explicarlo. Es una especie de energía que emana desde su mirada, desde cada uno de sus poros, gestos o voz. Una energía conciliadora con la existencia y cualquier presente. Sentirle cerca es una transfusión instantánea de ternura y candor. Sientes que lo perdonarías todo, incluso a ti misma.

Creo que ese mismo sentimiento de paz, esa transmisión de energías bonitas, es exactamente lo mismo que cautiva a Luz. Pero hay algo más que me llena de amor de todo esto: y es que Luz tiene parte de esa energía en su ADN, que se ha formado a partir de ese polvo de estrellas que a mí desde hace 6 años ilumina a diario mi vida. Ahora entiendo aquella paz en aquel gesto: mi cuerpo reconoció al suyo en un vaticinio de la más bella y pura creación.

P.D: Me encanta la cara de pícara que tiene en esta foto <3