Últimamente mi país no anda bien. Bueno, qué digo últimamente, hace mucho que va mal. Políticos que manipulan, roban y que ejercen violencia sobre su pueblo los tenemos desde hace décadas. De hecho, hay hasta cosas de la dictadura ni superadas, ni condenadas, ni abolidas. Vaya, que en realidad, no hay ninguna novedad en mis inquietudes, no sé por qué el tema de Cataluña se me está haciendo tan intenso. Estaba yo esta noche dándole vueltas a la cabeza. A mi derecha Guille dormía en calzoncillos, abrazando un trozo del nórdico. Parecía un niño. Guille siempre se me antoja un niño cuando duerme. Luego estaba mi bebé, el de verdad, con su respiración acompasada en su cuna. A mi izquierda Milka se me había acomodado en la almohada, algo que es habitual desde hace 7 años. Y a los pies Menta, medio roncando, toda estirada, muy sufrida ella. Los tenía ahí a los cuatro, desconectados de la realidad, en paz, ajenos a mis movidas mentales. Tengo una familia preciosa, fiel y alegre… y encima me quieren mucho. Y la mente se me fue apagando bajo el pensamiento de que en realidad, mi nación, lo que amo, lo que me importa, lo que realmente me hace feliz, prácticamente cabe en una esquina, en una maldita silla. Y que muy mal tenemos que estar para que ninguna situación sociopolítica acabe arrebatándomela.