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Este es Guille si las heridas de los dos últimos años florecieran. Si el dolor no se hiciera abstracto. Esta foto es hermana de la que hice con mordisco en el brazo, su díptico.

Hay muchas cosas que no puedo contar, otras sí. Quisiera escribir en mi blog al respecto. En los dos últimos años hemos vivido tantas presiones, tensiones y cambios que hemos tenido que aprender a ser una pareja inteligente. Olvidar por momentos que todo fluye solo, olvidar que nos quitaron el río sobre el que fluíamos y flotábamos para caminar sobre una carretera mal asfaltada.
Nos caímos. Muchas veces. Pero nos damos de la mano y seguimos hacia nuestro río. Tira una unas veces, tira el otro otras. Horas y horas de trazar nuestro futuro en un intento de ponerle a la entropía escuadra y cartabón. También de ordenar el pasado, roto como una columna tetraplégica.

Guille, yo poco a poco oigo el agua. Nos cubre los pies, se lleva la sangre. Es una luz líquida y sabemos emanarla. Porque estamos juntos en esa especie de resistencia odiosa para muchos, que se llama amor.

Me gustaría decirte que nada volverá a dañarte. Pero no puedo. Sólo decirte que estaré a tu lado con guantes de boxeo, armadura, hachas, dientes o simplemente una manta, un abrazo y nuestra comodísima cama o unas ricas fajitas para paliar o afrontar la furia con la que a veces se nos presenta el mundo.