Tras esta foto me pegó un buen mordisco. Yo me enfadé, porque me hizo mucho daño, pero ahora me arrepiento por haberme enfadado, lo que le pasa es que a veces me quiere tanto que va más allá de un beso, me muerde. Como cuando ves a un cachorro de mamífero y lo quieres apachurrar y comértelo a bocaos, como cuando das un mordisco a tu pareja en el cuello, como muerden los animales para jugar. Le pedí perdón. Perdón, perdón y perdón, «No pasa nada, mamá no llores». No estaba llorando, pero ella siempre pide que no lloremos, como un anticipo de lo peor.

Ahora sólo se hace fotos si ella aprieta el disparador «Una mamá, una Luz, una mamá, otra Luz». Yo le regalo esta foto, por no haber sabido interpretar ese mordisco de amore.