Desde el principio Guille ha tenido que escuchar la sugerencia de que me dejara, de que se alejara de mí, que soy como un agujero negro que se traga todo lo bonito. Lo del agujero negro lo he dicho yo de manera poética, pero imaginaos: «Sal de ahí por patas», «Sólo te dará problemas», «¿Has pensado en dejar la relación?» «Está muy mal, no durará mucho», «¿Tienes que aguantar esto?».

No quiero poner a Guille como un héroe (aunque algo de heroico tiene el ser cuidador), pero sí resaltar que me quiere. Y eso es un tesoro que me ha dado la vida, porque todas mis exparejas me han dejado por mi trastorno, no lo soportaban. Nadie tiene que soportar la enfermedad de nadie, pero nosotros nos casamos en la salud y en la enfermedad. No lo juramos por tradición, lo juramos como promesa y amenaza certera «Estamos juntos en esto», es nuestro lema. A las buenas y a las malas, que se dice paganamente.

Cuando me desperté del coma inducido desperté furiosa con él (esos viajes por el inconsciente…), tanto que le insulté y rompí la mascarilla de oxígeno con mis propios dientes. Tras la furia, algún tranquilizante que me dejó dormida. «Hasta moribunda está tan guapa». Eso digo tras la ira. Su pecho, mi guarida.