Pensar es un acto físico. Ocurre en el cuerpo antes que las palabras. Se siente en el pecho, en la respiración que se vuelve irregular, en la incomodidad de no saber todavía. Las ideas verdaderas no son limpias; vienen manchadas de dudas, de recuerdos mal ordenados, de preguntas que no piden respuesta inmediata. Hay ideas que funcionan como fotografías mal reveladas: sabemos que algo está ahí, pero aún no aparece del todo. Requieren tiempo, paciencia, otra luz, otras sombras. No se fuerzan: se acompañan.