Este mes de julio está siendo lo más bonito que me ha pasado en 7 años. Tras años y años en el fango, viviendo aterrorizada, ansiosa y empoderándome desde una posición muy vulnerable, de repente, todo lo que anhelo me ha llegado: independencia, liberación, paz y capacidad para tomar decisiones responsables. Elegí esta fotografía porque miro al cielo. Durante los últimos años he susurrado deseos en las oquedades de los árboles y al destello de las estrellas. Cuando una lo pasa mal le reza a todo, se vuelve animista y reza hasta a las bisagras de las puertas. De la misma manera, fui corriendo a mi hermano río a llevarle las buenas noticias, le juré no volver a comer gluten ni el caldo de las berenjenas en vinagre y le di las gracias como una niña. Le di unas gracias tan grandes que llegó al corazón de la tierra y rebotó a la médula del cielo. Al fin soy libre.