Esta semana es importante para mí. El 23 de abril, 3 jueces deciden a puerta cerrada, de nuevo, sobre la custodia de mi hija. Esta es una tortura que se extiende ya a casi 6 años. Ya casi no hablo de mi vida privada en público, pero sí quiero compartir de vez en cuando con vosotros el estado de la misma. Estoy casi absolutamente convencida de que nadie me va a quitar a mi hija, pero este jueves pesa para mí cual espada de Damocles. Mis amigas me escriben, mis hermanas me escriben: que piensan en mí, que están conmigo. Me mandan fuerzas, amor y empatía. Me salta un WhatsApp de mi hermana Mónica, «Fuerza y adelante siempre». Mi madre, junto a mí, enciende velas mientras susurra hechizos y maleficios. Todo esto mientras el fotógrafo Julián Ochoa me escribe recordando que 10 años después, es hora de descongelar un carrete. Un carrete que le hice al padre de mi hija en un 365 con mi Leica M6, con todo mi amor y dedicación a la fotografía. Venía congelado con una carta a mi yo del futuro. Pienso cuán jodida puede ser la vida y a la par cuán responsables tenemos que ser con ella. Recuerdo meter en un sobre aquel carrete finalizado en Islandia, llena de ternura y entusiasmo por el futuro que nos esperaba, llena de amor hacia mi marido, entusiasmada con la vida que llevaba formándose en mí cuatro meses. Era ingenua, rebelde y entusiasta.
Me he cuidado mucho, en esta segunda oportunidad que se me ha dado de vivir, de cuidar que todo dependa de mí: cada avance, cada decisión, cada pertenencia y cada estado de ánimo. Hay algunas cosas que no puedo controlar, como la de compartir hija con la persona que más daño ha intentado hacernos. Tener hijos con tu ex es como compartir un riñón con esta persona de por vida y pocas sabéis el ejercicio de equilibrio emocional y psicológico que requiere esto. Soltar para seguir viviendo. Perdonar para seguir viviendo en su máximo potencial, no permitir que el pasado impregne lo que he construido y las vivencias y logros que están por llegar.
Gracias por todos los que no me soltaron en lo peor de mi vida. Sé que no paro de dar las gracias por esto, pero me siento en deuda. Gracias a todos los que me seguís desde hace años y años y no me habéis soltado cuando me empujaban al abismo. Os mantengo informados.