Para mí esta foto es importante. No sólo es un autorretrato, es una experiencia en compañía de mi hija. Hace nada estaba hablando conmigo por videollamada, desde casa de su padre. Al fondo se veían varios retratos que le hice yo junto a él o a solas. Le dije «Esas fotos las hice yo». Y abrió mucho los ojos, «¿Quiere decir que delante de mí estabas tú?». Me parece un proyectazo. Fotografías que centren su atención sobre quien las dispara y no sobre el retratado. Esto para mí como madre es importante, pues apenas tengo fotografías con mi hija realizadas por otros. Nuestra labor, nuestra entidad como madres, está tan invisibilizada que no nos ven. No tengo fotos amamantando a mi hija, no tengo fotos de mi puerperio con mi hija. Bueno, sí, los selfies. Esos famosos selfies que nos recuerdan que esos momentos existieron y que nuestro esfuerzo mereció la pena: si los demás no nos ven, qué menos que sentirnos vistas por nosotras. Qué menos que ese autorreconocimiento. Esta Semana Santa la pasé sola con Luz y las perritas y esta es una foto mañanera «Mira, Luz, qué rayo tan bonito en esa esquina. Lo refleja el pomo de la puerta». Darle la cámara, posarle, verla coger con todas sus fuerzas mi cámara, tan pesada. Observarla encuadrar bien. Esto no es solo un autorretrato: es un momento compartido y ese instante sólo lo dan las palabras, como si fueran un foco invertido. La fotografía siempre va más allá de lo que vemos: a veces va de lo que no vemos.